Cine Universidad http://cine.uncuyo.edu.ar/ La Universidad Nacional de Cuyo, a través de la Secretaría de Extensión Universitaria, incluye en la propuesta cultural que ofrecen sus Organismos Artísticos, una sala destinada a la proyección de cine. Un momento de amor: la lectora cuya imaginación lo podía casi todo http://cine.uncuyo.edu.ar/un-momento-de-amor-la-lectora-cuya-imaginacion-lo-podia-casi-todo Fri, 12 May 2017 22:37:09 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/un-momento-de-amor-la-lectora-cuya-imaginacion-lo-podia-casi-todo 2017-05-12 22:37:09 http://cine.uncuyo.edu.ar/cache/un-momento-de-amor_424_750_c.jpg Artículos articulos

Un momento de amor: la lectora cuya imaginación lo podía casi todo

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Pablo O. Scholz Autor

Es una historia de amor vivida con desesperación, como una tragedia, pero a Gabrielle le resulta imposible sentir de otra forma. Su imaginación, lectora febril, es tal que podría jugarle una mala pasada.

Nicole García adaptó (y mucho) la novela Mal de pierres, de la italiana Milena Agus. Tanto, que trasladó las acciones de Cerdeña, en Italia, donde transcurre todo el libro, a una región francesa cercana a España, y a Suiza. Culminada la Segunda Guerra Mundial, Gabrielle (Marion Cotillard) sufre el mal de las piedras, cálculos en los riñones, pero su familia cree (“Con ella nunca se sabe…”, es la opinión de su madre distante) que en verdad sufre de una “inestabilidad emocional”.

Primero la casan de prepo con un trabajador rural español que huyó del franquismo, José (Alex Brandemühl, Mengele en Wakolda). “Será desdichado. No lo amo, no lo amaré”, le dice Gabrielle. “Yo tampoco la amo”, le miente José.

Lo cierto es que Gabrielle terminará internada en una clínica en Suiza, para recuperarse. Allí Gabrielle conocerá a un soldado herido en Indochina (Louis Garrel, de Soñadores, de Bertolucci), y creerá encontrar en él al amor de su vida.

La película de la directora de Place Vendôme habla sobre las posibilidades del amor, aunque a veces pierde las riendas (como si fuera posible tenerlas dialogando sobre ese tema). Toma a Gabrielle no como una loca de amor, sí como una mujer que necesita amar con desesperación. Y cuando la realidad no le ofrece la consecuencia de lo que busca, bueno, ahí comienzan a jugar la imaginación, el deseo, la frustración.

Marion Cotillard está casi todo el tiempo en pantalla. Difícil imaginar cómo hubiera sido esta película sin la presencia de la actriz de La vie en rose y Dos días, una noche. Su Gabrielle es libre e independiente, va por lo que desea, pero con un ímpetu que el guión no sabe, ya no explicar sino esbozar. García da por sobreentendidas demasiadas cuestiones, sin llegar a psicologismos.

Y Cotillard batalla. la pelea y guerrea con todo lo que tiene a mano, que en la pantalla cuando no son los diálogos, son los gestos.

Los cuerpos como recortados en la campiña, o las violetas cortadas son apenas los toques de color de un filme que sintetiza todo en un diálogo: “Cuando me prestan un libro, termina mal”. “Entonces, se lo regalo”.

Ojalá fuera tan fácil.

 

"Un momento de amor"

Buena

Drama. Francia, 2016. 120’, SAM 16. De: Nicole García. Con: Marion Cotillard, Louis Garrel, Alex Brendemühl. 

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El porvenir: derrumbe y libertad http://cine.uncuyo.edu.ar/el-porvenir-derrumbe-y-libertad Fri, 05 May 2017 23:09:55 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/el-porvenir-derrumbe-y-libertad 2017-05-05 23:09:55 http://cine.uncuyo.edu.ar/upload/el-porvenir.jpg Artículos articulos

El porvenir: derrumbe y libertad

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Laureano Manson Autor

En términos generales, el cine no se ha caracterizado por ser generoso a la hora de darle a actrices mayores de 60 años, la posibilidad de interpretar personajes autónomos. Generalmente, el rol que se les reserva a las mujeres que transitan su madurez en la pantalla es el de madre, tía, abuela o esposa; con escasas posibilidades de ser las determinantes de los principales giros y motores del relato. Sin embargo, en lo que va del año, podemos celebrar el estreno de tres excelentes películas, protagonizadas por señoras que impulsadas por sus convicciones, toman decisiones con plena determinación.

Una de esas joyitas es la brasileña Aquarius, con una Sonia Braga tan vital como aguerrida. La segunda y la tercera están protagonizadas por la misma actriz: Isabelle Huppert. La francesa acostumbra a poner el cuerpo a féminas de fuerte temperamento, pero esta vez logra conquistar dos cumbres al hilo con Elle y El porvenir.

En el film de Mia Hansen-Løve (El padre de mis hijos, Edén),  que se está proyectando por tercera semana en Cine Universidad, Huppert interpreta a Nathalie Chazeaux, una profesora de filosofía que enfrenta una crisis integral. En poco tiempo, todo su sistema de referencias se desmorona: su marido la deja, su madre ingresa en un deterioro irreversible y la editorial que publica sus libros la deja fuera de catálogo. ¿Qué puede seguir a todo esto? De tratarse de una película concebida a pura fórmula, se impondría el consabido calvario de la depresión, seguido de un edulcorado camino hacia la reconstrucción.

Pero la lógica de El porvenir no funciona de esa manera. Primero porque a Hansen-Løve jamás le ha interesado hacer un cine aleccionador plagado de subrayados, y segundo porque lo que se privilegia es una mirada detallada y respetuosa de ese proceso de dolor. El film no se regodea en los momentos en que la protagonista llora, ni la traiciona llevándola a obrar con una lógica que sea ajena a su esencia.

El porvenir no sigue el manual de los films sobre segundas oportunidades, aunque tenga a su personaje central frente a esa disyuntiva. Tampoco se plantea como una experiencia hermética y formal. A pesar de que Nathalie se defina como una "mujer intelectualmente satisfecha", las citas autorales y filosóficas se deslizan en la historia con una textura más orgánica que académica. Pero no sólo de conocimiento se nutre la existencia. La película aborda con sutileza el refugio de los afectos.

A pesar de que Nathalie Chazeaux ya no es tan idealista como en otros tiempos, conserva la convicción de inculcar en sus alumnos la elaboración de un pensamiento propio. Los reencuentros con Fabien (Roman Kolinka), un ex alumno devenido en amigo, se debaten entre la interpelación y la confidencia. Al doble duelo familiar que está enfrentando la profesora, se suma el del quiebre de la admiración monolítica que le profesaba su discípulo predilecto. Del universo tangible de las referencias, también subsiste una enorme gata negra heredada de su madre; que por momentos adquiere una inesperada y catártica significación afectiva.

Sin allanarle al espectador una resolución única, El porvenir esboza la idea de que la libertad sólo es posible cuando se conquista el despojo de todo aquello que ha perdurado en la inercia. Saltar fuera de una estructura devenida en espejismo de un vínculo, no es tarea fácil. Implica quedar de cara a lo incierto, pendiendo en el borde del tan temido abismo de la soledad. Nathalie no sólo cuenta con la fortaleza intelectual que laboriosamente construyó durante años, sino con la chance de abrazar todo aquello que esté por llegar.

L'avenir / Francia-Alemania / 2016 / 102 minutos / Apta para mayores de 13 años / Dirección: Mia Hansen-Løve / Con: Isabelle Huppert, André Marcon, Roman Kolinka y Edith Scob.

 

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La academia de las musas: bordeando el abismo del pensamiento http://cine.uncuyo.edu.ar/la-academia-de-las-musas-bordeando-el-abismo-del-pensamiento Fri, 05 May 2017 23:07:20 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/la-academia-de-las-musas-bordeando-el-abismo-del-pensamiento 2017-05-05 23:07:20 http://cine.uncuyo.edu.ar/upload/la-academia-de-las-musas-critica1.jpg Artículos articulos

La academia de las musas: bordeando el abismo del pensamiento

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Laureano Manson Autor

La nueva película del director catalán José Luis Guerín (En construcción, En la ciudad de Sylvia), es una de esas inusuales odiseas cinematográficas que van de lo irritante a lo fascinante. Con un arranque algo tedioso, situado en una clase en la Universidad de Barcelona, donde el filólogo Rafaelle Pinto debate con sus alumnos sobre el frondoso mundo de Dante Alighieri y su Divina Comedia. Tanto en esa clase, como en los sucesivos encuentros dentro y fuera del aula, la película formula y reformula conceptos tan enormes como el del amor y la inspiración. El lenguaje formal al que apuesta oscila entre el documental y la ficción, sacando partido de una estructura de producción mínima y del trabajo de un puñado de protagonistas sin preparación actoral.

Para todo espectador ávido de un cine que sólo se resuelva a partir de la acción de los personajes, vale decir que en esta propuesta lo que prima es una frondosa confrontación de ideas. Es la lucidez del intercambio de opiniones lo que le da a esta experiencia su carácter cautivante. Si bien es el profesor quien tensa los hilos y genera en los estudiantes, sobre todo en sus alumnas, una mixtura que fluctúa entre la admiración y el cuestionamiento; cada voz tiene su peso específico en el relato.

Cuando el film sale del aula, Guerín observa distintas instancias cotidianas de unos personajes que más allá de su elevado plano de pensamiento, pueden a duras penas sobrellevar sus conflictos personales. La cámara casi siempre se emplaza detrás de alguna ventana, ensamblando unos reflejos que tiñen de cierto extrañamiento a estos seres en permanente abstracción reflexiva. Mientras tanto, ahí afuera en las calles; el mundo se mueve a su paso.

La academia de las musas navega sobre las estimulantes, y a veces turbulentas aguas del aprendizaje; postulando a la enseñanza como el territorio de la seducción. Obviamente, hay una fuerte necesidad del filólogo de vampirizar la belleza y juventud de las estudiantes/musas que lo rodean, mientras en la intimidad hogareña su mujer le espeta dardos como: "El amor es un invento de los poetas", o "Tú no eres Sócrates".

En clave de tour de force dialéctico, en el que se intercalan con fluidez textos en italiano, castellano, catalán y sardo; La academia de las musas paulatinamente va desplazándose de lo intelectual a lo visceral. Y así el debate sobre sobre tópicos como el amor o la inspiración, cede frente a temas más carnales como los de la fidelidad y la posesión. En esos permanentes giros conceptuales, la película jamás pierde su pequeña proeza, esa que reside en no traicionar al espectador con un discurso concluyente; sino más bien la de invitarlo a una experiencia que bajo su aparente fachada de quietud, solapa los más movedizos bordes del pensamiento.

La academia de las musas / España / 2015 / 92 minutos / Apta para todo público / Dirección: José Luis Guerín / Con: Raffaele Pinto, Emanuela Forgetta, Rosa Delors Muns, Mireia Iniesta, Patricia Gil y Carolina Llacher

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Personal Shopper: el revés de los fantasmas http://cine.uncuyo.edu.ar/personal-shopper-el-reves-de-los-fantasmas Fri, 05 May 2017 23:05:11 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/personal-shopper-el-reves-de-los-fantasmas 2017-05-05 23:05:11 http://cine.uncuyo.edu.ar/upload/personal-shopper-portada.jpg Artículos articulos

Personal Shopper: el revés de los fantasmas

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Laureano Manson Autor

Quien ríe último, ríe mejor"; dice el tan repetido refrán que perfectamente podría aplicarse a la situación que atravesó el director Olivier Assayas en la edición 2016 del Festival de Cannes. Allí, su película Personal Shopper recibió un estruendoso abucheo durante una función de prensa. Días después, el francés levantó el premio a Mejor Director en el prestigioso festival internacional.

El film marca la segunda colaboración consecutiva entre el realizador de Irma Vep y Las horas del verano, con la actriz Kristen Stewart (ya muy por encima del mote de ser "la chica de Crepúsculo"). En en el eslabón anterior, El otro lado del éxito, Stewart interpretaba a la asistente de una estrella (Juliette Binoche); ahora vuelve a estar bajo las órdenes de una celebridad frívola y demandante, a quien apenas veremos en escuetos momentos de la película.

Toda la atención y toda la tensión del relato giran alrededor de Maureen Cartwright, la asistente de compras, encargada de buscar las joyas y los vestidos más exclusivos en tiendas y talleres de diseñadores de diversas ciudades. Maureen (Kristen Stewart) detesta su trabajo y transita como alma en pena por aeropuertos, trenes y calles. Su única motivación es establecer contacto con Lewis, su gemelo recientemente fallecido. Ella padece la misma afección cardíaca que marcó el final de la vida de su hermano, pero lo que más la inquieta no es la chance de estar en el umbral de la muerte, sino la angustia frente a la ausencia de una señal de Lewis que no termina de llegar. Los dos compartieron sesiones como médiums, y pactaron que quien partiera primero le enviaría un signo al otro.

Tras la inquietante primera secuencia en el caserón vacío que Maureen intenta vender (el lugar donde falleció su gemelo), unos sonidos amagan con desatar una furia fantasmagórica. Pero no. Assayas no cae en la catarata efectista de los films sobre fenómenos sobrenaturales, ni tampoco en el consabido registro de thriller cuando la protagonista empieza a recibir múltiples mensajes de texto, con un tono que se desplaza de la complicidad al hostigamiento. ¿Es el hermano de Maureen el autor de esos SMS? A medida que avanza el relato, el director va poniendo en relevancia que la médula de su película pasa más por lo incierto, que por la dinámica de conjeturas y evidencias.

Aún cuando la resolución del relato pareciera saldar las intrigas que la película ha tejido laboriosamente durante su metraje, Personal Shopper prevalece como una propuesta arriesgada dentro de los cánones de un cine tan adormecido, como el que actualmente se proyecta en las pantallas festivaleras. Assayas juega a su manera las cartas del cine de género, con un film que va más allá de lo fáctico, para hincar el diente sobre temas como el desdoblamiento, el vacío y el abismo que implica enfrentarse la idea de dejar ir.

En tiempos de tantas propuestas unidimensionales, Personal Shopper propone un trance incierto que se abre a múltiples planteos; algunos de ellos exquisitamente incómodos. Unos golpes sobre el suelo, un par de vasos que caen, una figura blanquecina que asecha y se desvanece en el aire; pueden ser perturbadoras señales espectrales. Sin embargo, la verdadera naturaleza del horror no está en su manifestación, sino en algo más tenebroso, que se repliega en el intangible revés de los fantasmas.

Personal Shopper / Francia-Alemania / 2016 / 105 minutos / Apta para mayores de 13 años / Guión y Dirección: Olivier Assayas / Con: Kristen Stewart, Lars Eidinger, Sigrid Bouaziz, Anders Danielsen y Ty Olwin.

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Elle: crítica por Diego Batlle http://cine.uncuyo.edu.ar/elle-critica-por-diego-batlle Wed, 12 Apr 2017 21:35:58 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/elle-critica-por-diego-batlle 2017-04-12 21:35:58 http://cine.uncuyo.edu.ar/cache/elle_424_750_c.jpg Artículos articulos

Elle: crítica por Diego Batlle

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Diego Batlle Autor

Estuvieron a punto de protagonizar esta historia -que en principio iba a rodarse en los Estados Unidos- Nicole Kidman, Marion Cotillard, Diane Lane, Sharon Stone y Carice van Houten, pero por suerte ha sido la francesa Isabelle Huppert quien interpretó -en uno de los mejores papeles de su dilatada trayectoria- a Michèle, una de las dos dueñas de un emporio dedicado al diseño de videojuegos en París.

El largometraje número 16 del talentoso realizador de Bajos instintos, El vengador del futuro, RoboCop y El libro negro -basado en la exitosa novela Oh..., de Philippe Djian- arranca con una escena (brutal, como varias otras posteriores) de una violación. Un encapuchado ingresa a la casona de Michèle y la agrede sexualmente dejándole múltiples secuelas.

 Luego conoceremos la dinámica laboral (no es precisamente una jefa ni una socia fácil), familiar (tiene un pasado trágico que la condena, una madre con un "novio" joven y un hijo bastante patético que está a punto de ser padre), así como las relaciones con sus vecinos, sus amigos y sus distintos amantes.

Más allá del brillante y multifacético despliegue de Huppert (merecida ganadora del Globo de Oro y del Film Independent Spirit Award, entre muchos otros premios), en los papeles secundarios también se lucen otras figuras del cine francés: desde Anne Consigny hasta Charles Berling, pasando por Laurent Lafitte, Virginie Efira y Christian Berkel.

Elle: Abuso y seducción -que dialoga con los mejores thrillers psicológicos de Alfred Hitchcock, Brian De Palma y Claude Chabrol- es a cada minuto más audaz, inquietante y con un humor tan negro que perturba e incomoda siempre al espectador hasta descolocarlo por completo. No faltarán, por supuesto, aquellas mujeres con una óptica feminista más radical que cuestionarán la mirada del realizador hacia la mujer. La corrección política, se sabe, no es su principal preocupación.

Lo cierto es que la dupla Verhoeven-Huppert se entendió a las mil maravillas. Se percibe una conexión, una precisión, una convicción y sobre todo una complementación entre el director y la actriz que hacen de Elle... una película atrapante, divertida en su perversión y su apuesta por el absurdo que, de todas maneras, jamás deja afuera al espectador. Un regreso a lo grande de este holandés errante y auténtico maestro de la provocación.

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El otro hombre: crítica por Emiliano Basile http://cine.uncuyo.edu.ar/el-otro-hombre-critica-por-emiliano-basile Wed, 12 Apr 2017 21:24:10 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/el-otro-hombre-critica-por-emiliano-basile 2017-04-12 21:24:10 http://cine.uncuyo.edu.ar/cache/el-otro-hermano_424_750_c.jpg Artículos articulos

El otro hombre: crítica por Emiliano Basile

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Emiliano Basile Autor

Pueblo chico infierno grande, anuncia el refrán que mejor describe a la película de Israel Adrián Caetano. Sórdida, violenta y oscura, se sitúa en una localidad del interior comandada por el personaje de Duarte (Leonardo Sbaraglia en una de sus mejores interpretaciones). Un carismático hombre de pueblo que esconde lo peor del ser humano en su interior.

Basada en la novela Bajo este sol tremendo de Carlos Busqued, El otro hermano (2017) comienza con la llegada de Cetarti (Daniel Hendler) al pueblo de Lapachito. No será una visita amigable, viaja desde Buenos Aires para reconocer los cadáveres de su madre y hermano, asesinados en un violento crimen. Tampoco los reconoce para darles sepultura sino para cobrar un seguro de vida que le posibilite viajar a Brasil y satisfacer un deseo personal. El encargado del papeleo es Duarte, un ex oficial de la fuerza “que estuvo en el monte tucumano en tiempos de subversión”, comenta al pasar. Ahora retirado, este hombre de mucha labia, envuelve a Cetarti en sus negocios ilegales hasta llegar a un final sin salida.

Hay mucho cine detrás de la película de Caetano. Las referencias cinematográficas no son obvias, tampoco las políticas, pero están presentes sutilmente. Duarte tiene un aire al personaje de Orson Welles en Sed de mal (Touch of Evil, 1958), propio de un clima noir, transpirado y con los dientes podridos en señal de clara putrefacción interior. Al estilo del legendario director, hay muchos planos al ras del suelo, con angulación contrapicada para marcar la inestabilidad del ambiente. Lapachito, pueblo del Chaco cercano a la frontera con Brasil, es uno de esos lugares olvidados del western, donde la apariencia de tranquilidad esconde las miserias humanas. Por el lado político tenemos graffitis en paradas de ómnibus que anuncian la llegada de un intendente mesiánico, o en la misma gorra que porta el ayudante de Duarte (Alian Devetac, La tercera orilla). Carteles de una obra que anuncia la realización de un polo científico muestran la contradicción, promesas de futuro perfecto en un lugar abandonado a merced del destino.

La violencia cruda en la película está justificada por la atmósfera de los alrededores del pueblo, con paredes sin revoque y enormes manchas de humedad por doquier. Sus habitantes deambulan como pecadores sin esperanzas, seres condenados a vivir de desechos (la chatarra que se compra, vende y acumula) escondiendo en un espacio subterráneo culpas, dinero o rehenes.

No es necesario aclarar el certero tamiz de Caetano para describir entornos marginales, desde Pizza, birra, faso (1998) hasta la serie para televisión Tumberos, pero si vale marcar que en la representación de dichos personajes negativos hay en Un oso rojo (2002) cierta empatía construida con el espectador, mientras que en esta oportunidad, sólo hay rechazo al mostrar su cara más sombría. En esa línea se destaca el personaje que compone Sbaraglia, cuya familiaridad produce el terror a su alrededor.

Pero más allá de las referencias Caetano es un gran narrador de historias, por ende recurre al género (como en Crónica de una fuga) para darle un marcado final a la historia –la novela no lo tiene- además de mantener el pulso descriptivo durante la primera mitad del film, y brindar un desenlace igual de perturbador.

El otro hermano logra enhebrar una serie de acontecimientos que van desde la desesperanza más absoluta hasta la miseria -espiritualmente hablando- más extrema. El recorrido de uno a otro punto está plagado de un clima agobiante. El resultado es tan potente como devastador, para redondear la mejor película de Caetano en años.

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La academia de las musas: crítica por Laureano Manson http://cine.uncuyo.edu.ar/la-academia-de-las-musas-critica-por-laureano-manson Wed, 12 Apr 2017 21:20:01 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/la-academia-de-las-musas-critica-por-laureano-manson 2017-04-12 21:20:01 http://cine.uncuyo.edu.ar/cache/la-academia-de-las-musas_424_750_c.jpg Artículos articulos

La academia de las musas: crítica por Laureano Manson

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Laureano Manson Autor

La nueva película del director catalán José Luis Guerín (En construcción, En la ciudad de Sylvia), es una de esas inusuales odiseas cinematográficas que van de lo irritante a lo fascinante. Con un arranque algo tedioso, situado en una clase en la Universidad de Barcelona, donde el filólogo Rafaelle Pinto debate con sus alumnos sobre el frondoso mundo de Dante Alighieri y su Divina Comedia. Tanto en esa clase, como en los sucesivos encuentros dentro y fuera del aula, la película formula y reformula conceptos tan enormes como el del amor y la inspiración. El lenguaje formal al que apuesta oscila entre el documental y la ficción, sacando partido de una estructura de producción mínima y del trabajo de un puñado de protagonistas sin preparación actoral.

Para todo espectador ávido de un cine que sólo se resuelva a partir de la acción de los personajes, vale decir que en esta propuesta lo que prima es una frondosa confrontación de ideas. Es la lucidez del intercambio de opiniones lo que le da a esta experiencia su carácter cautivante. Si bien es el profesor quien tensa los hilos y genera en los estudiantes, sobre todo en sus alumnas, una mixtura que fluctúa entre la admiración y el cuestionamiento; cada voz tiene su peso específico en el relato.

Cuando el film sale del aula, Guerín observa distintas instancias cotidianas de unos personajes que más allá de su elevado plano de pensamiento, pueden a duras penas sobrellevar sus conflictos personales. La cámara casi siempre se emplaza detrás de alguna ventana, ensamblando unos reflejos que tiñen de cierto extrañamiento a estos seres en permanente abstracción reflexiva. Mientras tanto, ahí afuera en las calles; el mundo se mueve a su paso.

La academia de las musas navega sobre las estimulantes, y a veces turbulentas aguas del aprendizaje; postulando a la enseñanza como el territorio de la seducción. Obviamente, hay una fuerte necesidad del filólogo de vampirizar la belleza y juventud de las estudiantes/musas que lo rodean, mientras en la intimidad hogareña su mujer le espeta dardos como: "El amor es un invento de los poetas", o "Tú no eres Sócrates".

En clave de tour de force dialéctico, en el que se intercalan con fluidez textos en italiano, castellano, catalán y sardo; La academia de las musas paulatinamente va desplazándose de lo intelectual a lo visceral. Y así el debate sobre sobre tópicos como el amor o la inspiración, cede frente a temas más carnales como los de la fidelidad y la posesión. En esos permanentes giros conceptuales, la película jamás pierde su pequeña proeza, esa que reside en no traicionar al espectador con un discurso concluyente; sino más bien la de invitarlo a una experiencia que bajo su aparente fachada de quietud, solapa los más movedizos bordes del pensamiento.

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La academia de las musas (crítica por Diego Lerer) http://cine.uncuyo.edu.ar/la-academia-de-las-musas-critica-por-diego-lerer Wed, 05 Apr 2017 23:29:27 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/la-academia-de-las-musas-critica-por-diego-lerer 2017-04-05 23:29:27 http://cine.uncuyo.edu.ar/upload/la-academia-de-las-musas-critica.jpg Artículos articulos

La academia de las musas (crítica por Diego Lerer)

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Diego Lerer Autor

LA ACADEMIA DE LAS MUSAS es el primer filme de ficción de José Luis Guerin desde EN LA CIUDAD DE SYLVIA, ocho años atrás. Pero como en esa película –y en prácticamente toda su filmografía– los límites entre la ficción y la realidad son bastante porosos por lo que se podría hablar tranquilamente de un “híbrido”, una película con momentos documentales y con otros aparentemente ficcionalizados por parte de las personas reales que lo interpretan. Como cierto cine iraní –o algunas películas del portugués Miguel Gomes–, Guerin juega de manera extraordinaria en esos márgenes, llevando a la película de a poco de lo que parece ser un documental hecho y derecho a una trama romántica y de relaciones que, en otras manos, bien podría ser un melodrama.

El protagonista del filme es el profesor y filólogo Raffaele Pinto que da clases en la Universidad de Barcelona en lo que parece ser un proyecto que algunos denominan “la academia de las musas”. Pinto habla del Dante, de la Divina Comedia, de la poesía canónica de esa época y debate con sus alumnos (en su mayoría mujeres) conceptos literarios tradicionales sobre el rol de la poesía y el lenguaje en la vida, la muerte y, sobre todo, la pasión, el amor y la inspiración que surgen del propio concepto de las musas. Para Pinto, que se autoproclama feminista, las “musas” no son un objeto para la creatividad del poeta (tradicionalmente, hombre) sino que son las voces cantantes y activas de esa relación.

De a poco, en los debates que surgen en sus clases, empezamos a identificar a algunas de sus alumnas. Guerin va marcando el paso de las escenas con las fechas en las que fueron filmadas (la película está presentada como si el director solo filmara las clases de Pinto para registrar esa “experiencia pedagógica”), pero los personajes de manera más tradicional van apareciendo, o siendo recortados por el montaje. El filme va, también, con mucha naturalidad del español al italiano y, un poco menos, al catalán.

Emanuela (Emanuela Forgetta) es la más participativa de las alumnas. Una italiana –como el profesor– que aporta sus ideas sobre los temas que surgen: si la poesía es una forma de diálogo con los muertos, si el “amor” es un invento de los poetas que luego es imposible de sostener en la vida real y así. A la que más le cuesta manejarse en estos terrenos es a Mireia (Mireia Iniesta), una española que trae a clase lo que, luego veremos, son varios de sus dilemas y problemas románticos personales. Y está la más descreída Carolina (Carolina Llacher), una bella catalana de pelo corto que rechaza alguna de las limitaciones impuestas por Pinto, en especial las ligadas a los formatos de rima clásicos que impone el profesor. En paralelo, y cuando el filme se va paulatinamente alejando de las clases para ir a los pasillos de la Universidad y de ahí a los bares y a las casas de los protagonistas, veremos conversaciones entre el profesor y las chicas, entre ellas mismas y la relación entre Pinto y su esposa española, Rosa (Rosa Delor Muns).

Es Rosa la que empieza a abrir las puertas a lo que uno ya supone que está pasando. Como da la impresión por el tono de las conversaciones entre el profesor y sus alumnas hay una relación entre ellos que siempre parece estar a punto de quebrar la formalmente apropiada. Y Pinto se hace cargo de que “enseñar es seducir” pero tal vez no lo suficiente como para tranquilizar a su esposa, también una intelectual que se da cuenta que hay algo más que juego en el ir y venir de Pinto y en su discurso sobre la fidelidad. Un viaje de fin de semana del profesor pone las cosas aún más en zona de dudas para la mujer.

Pero el filme no solo busca descubrir si el veterano y seductor profesor italiano es un “chanta” que utiliza sus clases para levantarse jovencitas fascinadas con su presencia (uno podría decir, en ese aspecto, que lo es y no lo es a la vez, y que Guerin no lo juzga… demasiado) sino que buena parte del tiempo –cuando el filme va dejando el marco teórico de las clases para centrarse en las vidas personales de los protagonistas– son las cuatro mujeres las que conversan entre sí acerca de su relación con la clase en particular, con el concepto de “musa” y como todo se refleja en sus vidas cotidianas, incluyendo sus diversas relaciones con el profesor y a la vez otras relaciones que las mujeres –todas muy lúcidas e inteligentes en sus planteos teóricos pero un tanto confundidas sentimentalmente– tienen.

Con estos materiales, Guerin crea un fascinante retrato de un grupo humano –que puede extenderse tranquilamente a muchos otros– que lucha entre la aparente claridad conceptual y la fragilidad emocional. Desde el personaje que teóricamente no cree en los celos o en la fidelidad pero que luego los sufre en carne propia y se desarma, hasta las discusiones sobre el deseo que pasan de las clases a las conversaciones privadas, siempre en algún tipo de límite, entre el profesor y sus “musas”. Muchas de estas conversaciones individuales Guerín las filma desde afuera –de un bar, de una casa, de un auto– generando planos cargados de reflejos y ecos visuales, además de una potente belleza que contrasta con el registro mas tradicional de las clases.

Así, LA ACADEMIA DE LAS MUSAS va pasando de la interesante pero teórica etapa del aula a la zona donde esos conceptos se ponen en juego de otra manera, afectando directamente la vida de las personas que participan de esa “academia”. En ese sentido me hizo recordar a las películas de Matías Piñeiro, por esa manera de conectar textos tradicionales (en este caso, en lugar de Shakespeare, son la Divina Comedia y el Dante, núcleos centrales de las clases de Pinto) con las vidas sentimentales y las relaciones de sus protagonistas, especialmente mujeres. Son personajes que, finalmente, terminan lidiando con los placeres, los beneficios pero también con algunos “peligros” de dejar que sus vidas sean gobernadas por conceptos teóricos creados por hombres que, en el fondo, tal vez no sean tan “feministas” como dicen serlo…

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Aquarius (crítica por Diego Batlle) http://cine.uncuyo.edu.ar/aquarius-critica-por-diego-batlle Wed, 05 Apr 2017 23:20:14 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/aquarius-critica-por-diego-batlle 2017-04-05 23:20:14 http://cine.uncuyo.edu.ar/cache/aquarius-critica_424_750_c.jpg Artículos articulos

Aquarius (crítica por Diego Batlle)

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Diego Batlle Autor

Tras su magistral ópera prima Sonidos vecinos (antes había hecho el documental Crítico), Mendonça Filho ratifica que se trata de uno de los directores más inteligentes y provocadores del panorama brasileño actual con una demostración de cómo hacer cine político hoy sin bajadas de línea explícitas ni denuncias recargadas.

El film narra la histora de Clara (descomunal trabajo de Sonia Braga), una mujer de 65 años, ya viuda y con un pasado como prestigiosa crítica musical (la música juega un papel fundamental en todo el relato). Ella vive sola en un viejo edificio de los años '40 en la costanera de Recife llamado Aquarius con sus miles de discos de vinilo y sus recuerdos. Pero una corporación inmobiliaria ha comprado el resto de los departamentos y le ofrece mucho dinero para que lo abandone y, claro, construir allí (con privilegiada vista al mar) un moderno emprendimiento. Cuando ella se niegue, iniciarán todo tipo de presiones y hostigamientos (legales y de los otros).

La película -una suerte de ampliación y profundización de varios conflctos trabajados en su film anterior- se centra en lo íntimo (con la llegada de la vejez), en lo familiar (la relación afectiva con uno de sus sobrinos, distante con su hija, que la usa para que cuide al nieto y -otra obsesión brasileña- de fidelidad absoluta con su empleada doméstica) y finalmente en lo social, con las diferencias de clase y los abusos y miserias de los poderosos.

Un dato no menor del film es que Clara ha luchado durante varias décadas contra el cáncer (incluso se ve que ha perdido una mama y ha decidido no ponerse una prótesis), pero cuando todo parece servido para el golpe bajo la cuestión ayuda para un impactante, sobrecogedor desenlace (la última parte se titula, precisamente, “El cáncer de Clara”).

Los 140 minutos de Aquarius se justifican. Hay muy pocos momentos superfluos o caprichosos. La narración abarca muchos conflictos y personajes, pero nunca pierde el eje, el interés ni la cohesión. La inteligencia del guionista/director; y la ductilidad asombrosa de Sonia Braga, vulnerable y arrasadora a la vez, hacen de esta una de las mejores películas latinoamericanas de los últimos tiempos.
 

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Moonlight: una luz que te ilumina http://cine.uncuyo.edu.ar/moonlight-una-luz-que-te-ilumina Fri, 17 Mar 2017 21:20:33 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/moonlight-una-luz-que-te-ilumina 2017-03-17 21:20:33 http://cine.uncuyo.edu.ar/cache/luz-de-luna-critica_424_750_c.jpg Artículos articulos

Moonlight: una luz que te ilumina

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Ezequiel Obregón Autor

Luz de luna (2016), en la Competencia Internacional del 31 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata,  transita un relato pleno en emociones; construido con honestidad brutal pero sin subrayados.

A partir de una pieza teatral escrita por Tarel McCraney, el realizador Barry Jenkins (responsable de Medicine for Melancholy, película que compitió en Mar del Plata hace ocho años) realizó un film que en otras manos hubiera podido significar un dramón de trazo grueso. Tanto McCraney como él vivieron a pocas cuadras de distancia y asistieron a la misma escuela, y sus respectivas madres fueron drogadictas. Curiosamente, según sostiene Jenkins en el catálogo del Festival, nunca se conocieron. Esas experiencias de vida son transmitidas en la obra y en la película. El resultado es subyugante.

Luz de luna explora el microcosmos de un Estados Unidos negro (casi no se ven personas blancas en toda la película), sumido en la violencia y en el contacto diario con las drogas. También se mete en el mundo del bullying, la vinculación con la identidad homosexual, y la imposibilidad (o no) de forjar un destino que supere esa dura cotidianidad. Si la película aborda todos esos temas sin caer en el reduccionismo, es porque se concentra en el territorio emocional. Dividida a tres partes, cada una de ellas se focaliza en distintas etapas de la vida de Chiron, hijo de una madre soltera adicta que sufre de las burlas de varios compañeros violentos. “Maricón”, suelen decirle. Escapando de ellos llega a una casa abandonada en donde es encontrado por un dealer que, de alguna forma, ocupará un rol paterno hasta aquel momento ausente.

Jenkins no sólo demuestra tener una sensibilidad descomunal para abordar el drama interno del personaje principal (que, por otra parte, se caracteriza por hablar poco y nada); también conduce con solvencia a sus actores. Para el tipo de material con el que trabaja, la forma de graficar la violencia es “medida”, pero no por eso menos contundente. Por otra parte, la fotografía de su película cumple un rol esencial; trabaja con las tonalidades y el fuera de foco de una forma magistral, y evidencia una notable funcionalidad para retratar la curva emocional de los personajes. No sería inexacto equiparar la función de la luz y el encuadre de este film con el de Con ánimo de amar (2000, Wong Kar-wai), otra radiografía emocional del dolor, la memoria, y –claro- el amor.

Con este segundo largometraje, Jenkins se consolida como un realizador a tener en cuenta. Luz de luna demuestra tener una solidez y una identidad sobresaliente en el actual panorama cinematográfico de su país. Habrá, entonces, que seguirle los pasos.

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Primero enero: luego febrero http://cine.uncuyo.edu.ar/primero-enero-luego-febrero Fri, 17 Mar 2017 21:15:36 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/primero-enero-luego-febrero 2017-03-17 21:15:36 http://cine.uncuyo.edu.ar/cache/primero-enero-critica_424_750_c.jpg Artículos articulos

Primero enero: luego febrero

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Benjamín Harguindey Autor

Primero enero (2016) sigue a un niño y su padre que se van de vacaciones a la sierra cordobesa. Es la última oportunidad que el hombre tiene de honrar la tradición padre-hijo, la cual pronto desaparecerá entre el divorcio y la inminente venta de la casa de veraneo.

No son vacaciones en el sentido divertido de la palabra, sino una especie de resquicio emocional. El padre quiere cimentar la relación con su hijo y se nota que no sabe bien cómo, que va probando qué funciona y qué no. Pescan, plantan un árbol, talan otro, cocinan, juegan a las cartas. El hijo se abstrae de toda actividad con una mezcla de espanto y apatía. Sólo le interesa saber de su madre, y de última le intriga la niña que aparece junto al lago todos los días pero con quien no se anima a hablar.

La ópera prima de Darío Mascambroni es una película de pocas palabras que apuesta a la carga emocional entre padre e hijo (interpretados por Jorge y Valentino Rossi). La puesta en escena ilustra la distancia entre ambos – el lacónico diálogo incidental, por ejemplo, o la forma en que el padre pasa la mayor parte del tiempo fuera de campo, mientras que el encuadre está tallado a la altura del niño.

Hay también una construcción de paralelos entre las vivencias de padre e hijo y los mitos griegos que intercambian a lo largo de la película (Pandora y su misteriosa caja se convierten en símbolos de la maternidad ausente, mientras que la niña del lago hace de sirena). Es algo que ocurre un par de veces y nos enseña cómo el niño entiende el mundo alrededor suyo. En general el foco recae sobre él, que está bien en su dispersión con algunos parlamentos increíbles. “Es la primera vez que vengo acá,” le dice la niña. “Yo la última,” responde bajando trágicamente la cabeza.

Primero enero es una historia mínima, generada en menos de un mes, con escasos recursos económicos, pero con mucho talento y sensibilidad a la hora de saber que captar y como transmitir una relación entre padre e hijo.

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Manchester junto al mar: tras otra tragedia, un hombre roto encuentra una razón para seguir viviendo http://cine.uncuyo.edu.ar/manchester-junto-al-mar-tras-otra-tragedia-un-hombre-roto-encuentra-una-razon-para-seguir-viviendo Fri, 17 Mar 2017 21:06:37 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/manchester-junto-al-mar-tras-otra-tragedia-un-hombre-roto-encuentra-una-razon-para-seguir-viviendo 2017-03-17 21:06:37 http://cine.uncuyo.edu.ar/cache/manchester-junto-al-mar-critica_424_750_c.jpg Artículos articulos

Manchester junto al mar: tras otra tragedia, un hombre roto encuentra una razón para seguir viviendo

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Diego Batlle Autor

Con apenas tres películas en 16 años, a Kenneth Lonergan le alcanza para ser uno de los mejores guionistas y directores a la hora de abordar cuestiones extremas como la muerte y la culpa. Tanto Puedes contar conmigo como Margaret y ahora Manchester junto al mar exponen tragedias que cambian para siempre las vidas de personajes que alguna vez estuvieron conectados con sentimientos bellos y positivos, pero que luego de determinados imprevistos (enfermedades, accidentes, errores) se ven obligados a lidiar con los peores traumas y fantasmas interiores.

Lo que hace del cine de Lonergan algo completamente opuesto al melodrama sentimental y afecto al golpe bajo son su sutileza como escritor, su austeridad y pudor a la hora de exponer la intimidad herida de sus criaturas (sin por eso escudarse, reprimirse o resultar timorato), su talento como narrador (es un maestro de la puesta en escena) y su capacidad para la dirección de actores (la de Casey Affleck es una de las mejores interpretaciones en mucho tiempo y los personajes secundarios también se lucen en diversos momentos).

Es probable que muchos espectadores tengan ciertas resistencias y estén ya algo agotados frente a historias que traten a pura solemnidad el dolor, la tristeza, la nostalgia y la ausencia, pero hay que advertirles que pocas veces como en Manchester junto al mar se alcanzan una intensidad emocional y destellos de humor a partir de recursos nobles como los que consigue Lonergan.

 La odisea (introspectiva) de Lee Chandler, un portero de Boston que debe viajar a la Manchester del título para hacerse cargo de su sobrino adolescente Patrick (Lucas Hedges) tras la muerte de su hermano Joe (Kyle Chandler), tiene el doble efecto de resultar fascinante y perturbadora, sutil y desgarradora al mismo tiempo porque está narrada (e interpretada) con una elegancia asombrosa, logrando que por esta vez cada uno de los flashbacks sobre el pasado de los personajes adquiera una dimensión inusitada en el presente de la narración.

El protagonista, que carga con su propia tragedia personal que ha destruido su existencia, encuentra en el encanto y la sensibilidad del joven Patrick un ancla inesperada para no seguir hundiéndose. Porque de eso se trata Manchester junto al mar, de los encuentros en medio del dolor, de esas irrupciones de belleza y momentos de comprensión cuando todo parece estar perdido. No es cine de autoayuda. Es la manera sincera y honesta que un artista tiene de acercarse a lo más profundo y esencial de la naturaleza humana, exponer las diferencias generacionales y describir las angustias existenciales de una sociedad.

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"Nuestros hijos": Un crudo dilema familiar http://cine.uncuyo.edu.ar/nuestros-hijos-un-crudo-dilema-familiar Wed, 01 Mar 2017 20:55:46 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/nuestros-hijos-un-crudo-dilema-familiar 2017-03-01 20:55:46 http://cine.uncuyo.edu.ar/cache/nuestros-hijos-articulo_424_750_c.jpg Artículos articulos

"Nuestros hijos": Un crudo dilema familiar

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Pablo O. Scholz Autor

Es casi una tradición que al buen cine italiano le gusta ahondar en las relaciones dentro de una familia. Las rencillas, los celos, a veces con humor, otras con carga dramática. La segunda opción es la que ofrece Nuestros hijos, cuando un hecho une a dos hermanos profesionales que tenían un vínculo distante.

Massimo y Paolo suelen sentarse a una mesa en un buen restaurante con sus esposas. Massimo es un abogado que salva delincuentes, aún sabiendo que son culpables. Paolo es un cirujano de niños. Ambos son exitosos en su vida profesional y parece que en la familiar también. Pero un video emitido por la televisión muestra a dos adolescentes pegando una noche en la calle a una homeless, que finalmente fallece. Y esos jóvenes son la hija de Massimo y el hijo de Paolo.

Lo que el filme de Ivano De Matteo propone es nada más y nada menos que una cuestión moral. ¿Qué hacer? ¿Los padres deberían denunciarlos? ¿Qué pesa más, la culpa o la justicia en sus decisiones? ¿Y cómo plantearse ante sus propios hijos?

La película abre con otro hecho de violencia: una discusión entre dos conductores termina con uno pegándole un tiro a otro, matándolo e hiriendo a su hijo que luego serpa atendido por Paolo.

Nuestros hijos trata sobre cómo la sociedad actual es víctima de una cultura de violencia. Las cosas se van de las manos con facilidad a los personajes de la película, adaptación de La cena, best seller de Herman Koch, quien se basaba en un hecho real: el asesinato de una indigente en manos de dos jóvenes en un cajero automático de Barcelona.

La película muestra las hipocresías a partir de esas familias que no hablan de cosas importantes y que se mantienen en un delgado equilibrio hasta que la situación, y las probables consecuencias, la vuelven insostenible.

Que los roles dentro de esa relación –el que ha defendido criminales y el que cura a los niños- vayan mutando también habla de una mirada desprovista de prejuicios que refleja a la sociedad. Y que Alessandro Gassman, que suele interpretar personajes arrogantes y con falta de moral, componga a Massimo es más que un acierto. Giovanna Mezzogiorno (El último beso, Vincere) sea su cuñada, también. Es en ellos, y en un gran Luigi Lo Cascio, en sus interpretaciones, donde el filme necesita apoyarse para que los cambios de humor de los protagonistas sean sentidos desde la platea como auténticos. Dolorosos, pero ciertamente reales.

"Nuestros hijos"

Muy buena

Drama. Italia, 2014. 94’, SAM 16. De Ivano De Matteo. Con Alessandro Gassman, Giovanna Mezzogiorno, Luigi Lo Cascio. 

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Lo and behold: ensueños de un mundo conectado http://cine.uncuyo.edu.ar/lo-and-behold-ensuenos-de-un-mundo-conectado Thu, 09 Feb 2017 00:23:23 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/lo-and-behold-ensuenos-de-un-mundo-conectado 2017-02-09 00:23:23 http://cine.uncuyo.edu.ar/upload/lo-and-behold-nota.jpg Artículos articulos

Lo and behold: ensueños de un mundo conectado

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Diego Batlle Autor

Werner Herzog no sólo es un gran director. Es, esencialmente, una persona curiosa que además sabe preguntar y eso, sobre todo en el terreno del documental, es una de las condiciones fundamentales para que las historias o temas que elige resulten apasionantes.

No creo que Lo and Behold, Reveries of the Connected World se ubique entre los mejores trabajos de no ficción de su larga trayectoria pero, aun cuando su estructura sea más convencional que en otras oportunidades (recurre básicamente a testimonios a cámara de expertos en distintas áreas de la tecnología o en el análisis del impacto de las mismas en la dinámica social, así como de víctimas del uso indiscriminado de los nuevos dispositivos y servicios), la película nunca deja de ser atrapante y, en muchos pasajes, fascinante.

En el arranque Herzog reconstruye los inicios de Internet y para ello va hasta la UCLA de California donde, en un pequeño salón y con una máquina que hoy parece prehistórica, se inició el 29 de octubre de 1969 una de las revoluciones más importantes de la humanidad. Aquellos pioneros como Leonard Kleinrock y Bob Kahn ofrecen una mirada valiosa sobre cómo soñaron ese invento (incluso con errores) y en lo que se ha convertido hoy gracias a la creatividad (y a la maldad) del hombre.

Dividida en 10 episodios y con 30 entrevistas, Lo and Behold, Reveries of the Connected World -un trabajo más apocalíptico que laudatorio sobre la tecnología- expone, a través de la explicación de la astrónoma Lucianne Walkowicz, la posibilidad concreta de que una erupción solar haga caer Internet y, con ello, ponga en serio riesgo la supervivencia humana, cada vez más dependiente de la interconectividad.

La película también muestra la vulnerabilidad de la red y de las personas (interesante el testimonio del mítico hacker Kevin Mitnick), así como los descubrimientos de innovadores y visionarios (hoy convertidos en multimillonarios) como Elon Musk. La posibilidad de enviar personas a Marte y estar conectados fácilmente con ellas (el propio Herzog se propone como integrante de una misión al planeta rojo con cámara en mano) ocupa otro de los capítulos. Los cambios morales producto de cambios tan vertiginosos, las profundas diferencias generacionales y los riesgos de la inteligencia artificial son otras cuestiones que Herzog y sus entrevistados analizan con inteligencia.

Entre los segmentos más interesantes están aquellos que reflejan a las víctimas de la tecnología. Por ejemplo, los adictos a Internet que han perdido casi todo contacto con el mundo real (han dejado de bañarse, de comer y han puesto en riesgo su vida y la de sus seres queridos); o los habitantes de la comunidad de Green Bank, en West Virginia, que se han refugiado allí por ser uno de los pocos lugares sin antenas de celulares que afecta a quienes tienen sensibilidades especiales frente a las emisiones electromagnéticas. Ese pueblo, al rodear al gigantesco y fundamental telescopio Robert C. Byrd, no puede estar “contaminado” por señales externas y, por eso, se ha convertido (un poco como los personajes de A salvo, de Todd Haynes) en el lugar favorito para aquellos que reniegan de toda presencia tecnológica. Otro de los pequeños grandes hallazgos de ese buceador de historias y excelso narrador que es el infatigable Werner Herzog.

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Animales nocturnos: la angustia luego de la pesadilla http://cine.uncuyo.edu.ar/animales-nocturnos-la-angustia-luego-de-la-pesadilla Wed, 08 Feb 2017 22:48:10 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/animales-nocturnos-la-angustia-luego-de-la-pesadilla 2017-02-08 22:48:10 http://cine.uncuyo.edu.ar/cache/animales-nocturnos-nota_424_750_c.jpg Artículos articulos

Animales nocturnos: la angustia luego de la pesadilla

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Benjamín Harguindey Autor

Aimales nocturnos (Nocturnal Animals, 2016) se lleva el premio a la apertura más bizarra: un desfile de mujeres completamente desnudas, deformadas por la obesidad, bailando en cámara lenta, blandiendo banderitas y bengalas del 4 de julio mientras llueve confeti y suenan violines que en otra época solían pronosticar melodramas glamorosos.

Esta grotesca ostentación es parte de una exhibición de la galerista Susan Morrow (Amy Adams). Susan es un personaje sumamente infeliz, atrapado en un matrimonio gélido y un círculo de relaciones banales; el asco que siente por su propia vida aparece reflejado en la basura que exhibe a modo de arte. En eso le llega un paquete de su ex marido Edward (Jake Gyllenhaal). Él es escritor y quiere compartir el manuscrito de su nueva novela: “Animales Nocturnos”.

La película sigue dos líneas narrativas – la de Susan y la del manuscrito que está leyendo, el cual cuenta una historia sumamente violenta y desagradable. En ella una familia es aterrorizada en el medio de una solitaria ruta tejana por una pandilla de rednecks (liderada por Aaron Taylor-Johnson); la pandilla embosca el auto de la familia Hastings y lo que sigue es una secuencia extremadamente incómoda en la que los rednecks desarman al patriarca Tony (Gyllenhaal en un papel doble) con un exasperante comportamiento pasivo-agresivo y lo humillan de manera permanente.

El libro pues se convierte en una historia de venganza – una en la que Tony es humillado una y otra vez, no sólo por sus enemigos sino también por sus aliados (Michael Shannon, impecable en el papel del sheriff a cargo de la investigación) y hasta por sí mismo en un momento crucial. Es un personaje que da tanta lástima que uno lo termina odiando. Uno de los temas centrales de la película es la “debilidad”, de la cual Edward es acusado varias veces (vemos flashbacks de su triste romance con Susan) y la cual Tony encarna tan insufriblemente a lo largo de la película.

Ambas historias son bastante pedestres – la de Susan es el típico lamento sobre la frivolidad burguesa, la de Tony es del orden del thriller vengativo (no se siente de explotación por la elegancia de la dirección). Ambas bien compuestas, pero si Animales nocturnos fuera exclusivamente sobre una u otra el resultado sería decepcionante. El poder de la película está en la enigmática asociación entre las historias – ¿cómo se relacionan? El montaje empata tanto al personaje (Tony) como al lector (Susan). ¿Por qué la equiparación? El libro y su propósito se convierten en el misterio principal de la película.

La mera lectura del manuscrito es un acto de autoflagelo para Susan, y la brillante dirección de la película pone al espectador en una posición de angustia afín a la de ella, a pesar de que en teoría se trata de una ficción (dentro de otra ficción). El proceso de disociación es interesante – toleramos una historia intolerable porque se trata de una ficción dentro de otra. ¿Por qué necesitamos ese margen doble? ¿Dentro del contexto de una película no es todo igualmente mentira?

La película está escrita y dirigida por Tom Ford – el diseñador de moda que inesperadamente se volcó al cine con Sólo un hombre (A Single Man, 2009) – y basada en una novela de Austin Wright. Es, en resumidas cuentas, emocionalmente perturbadora. Como El camino de los sueños (Mulholland Drive, 2001), trata sobre la crueldad del amor. El efecto total de es el de una pesadilla, o mejor dicho, la mezcla de angustia e inseguridad que uno tiene al despertar de una.

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Es sólo el fin del mundo: gritos, no susurros http://cine.uncuyo.edu.ar/es-solo-el-fin-del-mundo-gritos-no-susurros Sun, 05 Feb 2017 18:39:41 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/es-solo-el-fin-del-mundo-gritos-no-susurros 2017-02-05 18:39:41 http://cine.uncuyo.edu.ar/cache/es-solo-el-fin-del-mundo_424_750_c.jpg Artículos articulos

Es sólo el fin del mundo: gritos, no susurros

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Ezequiel Obregón Autor

Con apenas veintisiete años y seis largometrajes estrenados, el realizador canadiense Xavier Dolan vuelve a dividir las aguas con Es sólo el fin del mundo (Juste la fin du monde, 2016), transposición de la obra homónima del dramaturgo francés Jean-Luc Lagarce.

Desde su estreno en Cannes, la última película de Dolan -transformado en uno de los “abonados” del Festival- fascinó a los amantes de su cine e irritó a sus detractores. Como ocurrió previamente con Yo maté a mi madre (J'ai tué ma mère, 2009), Los amores imaginarios (Les amours imaginaires, 2010) o Mommy (2014), Es sólo el fin del mundo suscitó grandes alabanzas, pero también fuertes críticas. Los que aprecian sus films, encuentran una intensa curva dramática; un vendaval de emociones que se conectan con una suerte de “sensibilidad a flor de piel”, capaz de sintonizar con una estética contemporánea. Los detractores, en cambio, piensan que ver una película de Xavier Dolan es asistir a una serie de fuegos de artificio entre los que no faltan las secuencias videocliperas que poco y nada tienen de profundas.

Su último opus es la transposición de una obra de culto, de un singular dramaturgo que supo construir una voz propia, aunque –al menos en Argentina- no tuvo una gran cantidad de puestas que lo dieran a conocer. Tras ver su versión cinematográfica –con sus defectos y sus virtudes- no cuesta entender que el material le vino como anillo al dedo a esta suerte de enfant terrible.

¿Qué cuenta Es sólo el fin del mundo? Quizás esta sea la primera película de Dolan en donde es mucho más evidente que lo relevante es el cómo y no el qué. Todo comienza con la llegada de un joven dramaturgo (Gaspard Ulliel) a su casa familiar, tras doce años de ausencia. Allí lo espera una madre tan histriónica (Nathalie Baye) que hace de la telenovela más maniquea una oda al realismo naturalista, su hermana , que parece estar siempre al borde de la exasperación (Léa Seydoux); su violento hermano mayor (Vincent Cassel) y su sometida esposa (Marion Cotillard). Lo importante es el reencuentro, que es –a la vez- una serie de múltiples reencuentros. Sobre todo porque el joven dramaturgo –sostiene al comienzo, voz en off mediante- morirá pronto de una enfermedad terminal. Todo deberá ser leído bajo la óptica de la despedida.

Hay una predilección en la película por los primeros planos, que a decir verdad se amoldan a ese rasgo claustrofóbico –endogámico, más bien- que tiene el hogar (no dulce hogar, en este caso). Habrá en la breve estadía reproches, pedidos de primera y última hora, algunos amagues de golpes que sorprenden mucho menos que los otros, más “dialogados”, en general vinculados a la ira acumulada durante años y la certeza (mayor o menor) de que aquella visita es pasajera. La cámara de Dolan se enamora del dramaturgo, que en casi ninguna secuencia da cuenta del deterioro físico y que respira algo de paz luego de los insertos que provee el realizador sobre su pasado (con estética de video clip de los noventa, acorde a la edad del escritor).

En las pocas horas en las que transcurre la historia queda claro que lo que intenta ofrecer la obra de Lagarce (o, al menos, lo que potencia Dolan) es un recorrido emocional que excede la intriga. Sí, es cierto; fatiga el griterío que se suscita tras la llegada del hijo pródigo, el que logró triunfar; fatiga que algunas situaciones del pasado se logren desentrañar mientras que tantas otras no; incluso fatiga que la duración de las discusiones por momentos se exceda de los límites de lo soportable. Pero todas esas “fatigas” dan cuenta de lo que le ocurre al personaje, y allí sí hay un problema y es que poco sabremos de qué se transforma en él, por más que Dolan le aporte al relato una metáfora visual final que hará de las delicias de los fans y, como no podía ser de otra manera, hará patear la butaca a los detractores.

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Sully: el maestro Eastwood vuelve al rescate del cine http://cine.uncuyo.edu.ar/sully-el-maestro-eastwood-vuelve-al-rescate-del-cine Thu, 26 Jan 2017 21:07:25 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/sully-el-maestro-eastwood-vuelve-al-rescate-del-cine 2017-01-26 21:07:25 http://cine.uncuyo.edu.ar/cache/sully-critica_424_750_c.jpg Artículos articulos

Sully: el maestro Eastwood vuelve al rescate del cine

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Laureano Manson Autor

La historia es conocida por todos. En enero de 2009, el capitán Chesley "Sully"Sullenberger (aquí interpretado por un estoico Tom Hanks), se enfrentó con el desafío más grande en sus cuarenta años de trayectoria como piloto. Ni bien despegó del aeropuerto LaGuardia de Nueva York, una bandada de pájaros destrozó los dos motores del avión, y el experimentado profesional tomó la audaz decisión de aterrizar sobre las heladas aguas del río Hudson. Las 155 almas que tripulaban el vuelo 1549 de US Airways salieron ilesas, y en cuestión de minutos el hombre se transformó en una suerte de estrella nacional.

Con varias décadas de oficio dirigiendo cine, y un contundente número de películas en las que abordó la perspectiva del héroe desde diversos puntos de vista; Clint Eastwood vuelve a mostrar a los 86 años su pulso de enorme artesano del clasicismo. Solo un realizador con pleno conocimiento de las herramientas más nobles del lenguaje cinematográfico, puede sostener durante poco más de hora y media la atención sobre un relato cuyo desenlace fue televisado en todo el mundo. Para llegar a este resultado, el maestro Clint confía en dos pilares fundamentales a la hora de enaltecer una película: un guión sólido con buen pulso rítmico y actuaciones sobrias desprovistas de toda solemnidad.

Más allá del despliegue y precisión que evidencia Eastwood en las escenas del histórico amerizaje, el fuerte de Sully: hazaña en el Hudson está en el proceso de investigación al que fue sometido el capitán junto a su copiloto Jeff Skiles (Aaron Eckhart en un impecable rol de ladero). Tanto la compañía aérea como la aseguradora no quedaron satisfechos con el accionar del devenido héroe americano, para ellos esa proeza significó un avión que fue a dar al lecho del río. Vía demostraciones de simuladores de vuelo, estos supervisores se encargaron de sostener con tenacidad la tesis de que la nave pudo volver a LaGuardia, o bien aterrizar en otro aeropuerto cercano.

El film va tensando las cuerdas sobre un hombre que en pocos días tuvo que poner el pecho frente a cuatro ejes de fuerte tensión: el aterrizaje forzoso, la investigación de procedimiento, el requerimiento mediático y la comunicación telefónica con su angustiada mujer (una siempre eficaz Laura Linney). Lejos de la idea del héroe monolítico, Sully observa la repercusión masiva de su maniobra con cierta perplejidad y tiene dudas, ¿y si la decisión que tomó no fue la correcta?

En tiempos de voracidad pirotécnica, el octogenario realizador ejercita su mirada sobria y elegante sobre una historia que enfrenta las convicciones de un hombre versus la maquinaria de las corporaciones. La desgarradora mirada de Tom Hanks supervisando que no haya quedado ningún pasajero a bordo del avión, cuando se dispone a ser el último en abandonar la nave previo al rescate, funciona como síntesis de una de las constantes del cine de Clint Eastwod: seres frente a circunstancias cruciales que definen sus actos a partir de sus su principios, aún a expensas de confrontar con la fría y deshumanizada letra del protocolo.

Sully / Estados Unidos / 2016 / 96 minutos / Apta para mayores de 13 años / Dirección: Clint Eastwood / Con: Tom Hanks, Aaron Eckhart, Laura Linney, Valerie Mahaffey, Delphi Harrington. 

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Crítica de "La Bahía" http://cine.uncuyo.edu.ar/critica-de-la-bahia Fri, 09 Dec 2016 21:04:14 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/critica-de-la-bahia 2016-12-09 21:04:14 http://cine.uncuyo.edu.ar/cache/la-bahia-articulo_424_750_c.jpg Artículos articulos

Crítica de "La Bahía"

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Diego Lerer Autor

Tan difícil de describir como lo será para algunos de interpretar, La bahía, de Bruno Dumont, continua la línea cómica de su filmografía inaugurada con la miniserie P’tit Quinquin, pero llevando aún más lejos sus experimentos, ya que esta vez cuenta con un trio protagónico de intérpretes famosos como Fabrice Luchini, Juliette Binoche y Valeria Bruni Tedeschi. Es claro que no es lo mismo cuando este tipo de figuras técnicamente preparadas para hacer todo tipo de personajes juega a la comedia absurda y pasada de rosca que cuando lo hacen los “actores naturales” del cine de Dumont, por lo que la experiencia es diferente. Pero no del todo, ya que esos actores también están presentes, haciendo que el riesgo en cierta parte pase por la combinación de ambos mundos, ambas formas.

La película tiene el formato y el tono de un comic europeo (belga, hasta podría decirse) con sus personajes excesivos, su época imprecisa y situaciones ligadas a una investigación policial por lo pronto bastante ridícula. Como en P’tit Quinquin, aquí hay una absurda dupla de agentes a lo Laurel & Hardy que investiga casos de desapariciones de personas de buena posición económica que llegan a la llamada “Slack Bay” a pasar unos días de vacaciones. El jefe de la policía es tan obeso que a la playa baja, directamente, rodando. Y no encuentra una pista aunque la tenga, literalmente, frente a sus narices.

Dos familias son las que protagonizan el relato. Por un lado, la que integran Tedeschi, Luchini y tres chicas que viven en una casa lujosa de extraña y atemporal arquitectura. Vanidosos, ridículos, caracterizados hasta lo grotesco (especialmente Luchini que actúa casi como si estuviera en un dibujo animado), descansan y pasean maravillados por ese lugar que, viéndolo desde nuestros ojos, no parece demasiado interesante. Un poco más tarde llega la hermana de él, encarnada por Binoche, que trae sus propios conflictos con su hija (a la que llama “hijo” y viste de varón, aunque no se sabe del todo que es lo que ella quiere al respecto), sus miedos a las desapariciones y otros secretos que luego se revelaran.

La otra familia es una de pescadores que, además, se dedica a ayudar a los ricos a cruzar el rio que atraviesa el pueblo, cosa que hacen de una manera bastante peculiar y graciosa. Padre e hijo son el centro de este grupo (Ma Loute, “mi querido” en slang del norte francés, es el nombre del adolescente) que integra también la madre y tres revoltosos pequeños. Pero la familia tiene otro trabajito, uno que –pronto se revelara—está ligado a esa consistente y misteriosa desaparición de personas.

La trama en sentido estricto es lo de menos. A lo largo de las un tanto excesivas dos horas lo que prima es el absurdo, un humor que juega menos al chiste y más al delirio casi surreal al punto de llegar a una violencia puramente grotesca, casi de comedia de horror. La gracia –en más de un sentido— que la película cause en el espectador tendrá que ver, principalmente, con si es capaz de aceptar el tono ampuloso hasta lo imposible de las actuaciones (en especial del elenco más profesional), la curiosa mezcla de registros y los momentos de decidido “vale todo” que propone Dumont.

Pero lo que mantiene a la película en un territorio más reconocible es la relación que se va estableciendo entre Ma Loute y el chico/chica de la familia rica, que se reconocen entre sí como un poco afuera de sus sistemas familiares y clases. Estos dos “marginales”, por distintos motivos, encuentran una conexión entre ellos que, como en varias películas del realizador de Camille Claudel, permiten que exista una línea emocional un tanto más directa hacia el espectador.

Así, entre personajes que vuelan, comidas un tanto indigestas, policías despistados, barcos perdidos en el mar y otras sorpresas que ya verán se desarrolla La bahía, una película con forma de comic en vivo, cuyo estilo hace recordar por momentos al de la dupla belga Kervern/Delepine o al humor de sketches absurdos de Monty Python, y que debajo de todo disparate deja entrever una mirada acida y critica sobre el universo social que retrata.

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Un hombre perfecto: como un espejo roto en mil pedazos http://cine.uncuyo.edu.ar/un-hombre-perfecto-como-un-espejo-roto-en-mil-pedazos Wed, 30 Nov 2016 20:29:10 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/un-hombre-perfecto-como-un-espejo-roto-en-mil-pedazos 2016-11-30 20:29:10 http://cine.uncuyo.edu.ar/cache/un-hombre-perfecto-articulo_424_750_c.jpg Artículos articulos

Un hombre perfecto: como un espejo roto en mil pedazos

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Diego Brodersen Autor

Resulta algo irónico que una película que hace del plagio uno de sus dos motores narrativos centrales (el otro es la más pura y dura simulación) tenga un punto de partida extremadamente similar al de la estadounidense "Palabras robadas", estrenada hace cuatro años y dirigida por Brian Klugman y Lee Sternthal. De todas formas, los relatos de escritores que toman prestados textos ajenos para hacerlos propios tienen una cierta tradición, tanto en la literatura como el cine, y no deja de ser cierto que "Un hombre perfecto" sale disparada para otras latitudes luego de una (casi) idéntica posición de largada. El realizador y guionista Yann Gozlan empuja a su personaje, un joven escritor frustrado de nombre Mathieu Vasseur (Pierre Niney, el mismo de "Yves Saint Laurent"), a encontrar casualmente, en uno de sus trabajos como empleado de una empresa mudadora, un manuscrito polvoriento que está a punto de terminar en la basura. Quien dejó atrás ese diario, escrito de puño y letra, acaba de morir y en sus páginas el inesperado lector encuentra sus memorias personales durante la Guerra de Argelia, ese recuerdo sucio que todavía sigue marcando la memoria colectiva de Francia.

Harto de recibir negativas a sus fracasados intentos de publicación, el muchacho corta y pega, manda copia fiel a una prestigiosa editorial… et voilà: la “novela” resulta no sólo atractiva para el mercado, sino que sus rasgos de estilo merecen las más excelsas críticas literarias. En un acto de falsa expiación –y también para eliminar cualquier tipo de prueba–, el ahora exitoso autor quema todas esas páginas, con la certeza de que nadie, nunca, jamás podrá conocer la verdad. Corte y elipsis. Dos años más tarde, Vasseur parece llevar una vida ideal: está en pareja con una bellísima y rica joven que conoció la misma noche del lanzamiento de su libro (Ana Girardot), disfruta las mieles económicas del éxito y prepara una segunda novela en la mansión de su familia política en la Côte d’Azur. “Preparando” entre varias comillas. Al fin y al cabo (él lo sabe mejor que nadie) no es otra cosa que un escritor mediocre. Un buen escriba, en el mejor de los casos.

Es en ese momento que el pasado –como ocurría en "Caché", de Michael Haneke, aunque de una manera menos alegórica–, reaparece en la piel de alguien que podría haber conocido al genuino creador de esas palabras, al tiempo que la empresa editora comienza a ponerse nerviosa con los dilatados tiempos de espera del nuevo manuscrito. El personaje de Vasseur es un auténtico “Salieri” de Thomas Ripley, el personaje creado por Patricia Highsmith, y su verdadera identidad comienza a disolverse en aquella otra creada para la ocasión. Para sostener la mentira se hace necesario seguir mintiendo; camelo sobre camelo, la psiquis del joven se asemeja a un espejo que ha estallado y multiplicado su imagen deformada en decenas de pedazos. La relación con Highsmith es clara como el agua y recuerda inevitablemente al Alain Delon de aquella primera adaptación al cine de su personaje más famoso, Riviera incluida. Pero como todos los caminos llevan a Él, también a Hitchcock. Hay mucho por aquí de Sir Alfred y no tardará en hacer aparición la posibilidad/necesidad del crimen y la particular postura que debe adoptar el espectador: seguir su punto de vista, aceptar la empatía hacia un tipo mentiroso, aprovechador, criminal en potencia.

Barajadas así las cartas, el mazo está servido para el suspenso, que Gozlan sabe construir con gracia, aunque la originalidad no haga mucho acto de presencia y por momentos se noten demasiado las herramientas del hacedor. Afortunadamente, el juego de Vasseur no incluye la solemnidad y el film va adquiriendo un humor dosificado en cuentagotas que remite nuevamente a una famosa máxima de A. H., aquella que hacía hincapié en la dificultad inherente en el acto de… bueno, mejor no explicitarlo, a riesgo de arruinar parte de la diversión de un film cuya mayor bondad es saber mover con cierta elegancia sus resortes y pequeñas sorpresas.

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Corazón silencioso: corazón que siente http://cine.uncuyo.edu.ar/corazon-silencioso-corazon-que-siente Wed, 30 Nov 2016 20:22:27 -0300 http://cine.uncuyo.edu.ar/corazon-silencioso-corazon-que-siente 2016-11-30 20:22:27 http://cine.uncuyo.edu.ar/cache/corazon-silencioso-articulo_424_750_c.jpg Artículos articulos

Corazón silencioso: corazón que siente

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Benjamín Harguindey Autor

La nueva película del realizador danés Bille August, Corazón silencioso (Stille hjerte , 2014), es un drama de recámara acallado y melancólico, bien alejado en tono y espíritu de la rimbombante La celebración (Festen, 1998) de Thomas Vinterberg, pero acorde en el desarrollo de su trama y las tramas secretas entre sus personajes. Se trata de una reunión familiar entorno a una Navidad falsa que sirve de pretexto para velar la inminente eutanasia de la matriarca de la familia, que ha sido diagnosticada con una enfermedad terminal.

La matriarca es Esther (Ghita Nørby), que ha decidido quitarse la vida el próximo domingo. Su marido es Poul (Morten Grunwald), médico. Llegan sus dos hijas: Heidi (Paprika Steen, la inestable oveja negra de La celebración, ahora la doméstica hija mayor), y Sanne (Danica Curcic, la depresiva hija menor). Heidi llega con su marido e hijo digitalmente enajenado; Sanne trae consigo a Dennis (Pilou Asbaek), su novio fracasado. El elenco se cierra con Lisbeth, una vieja amiga de Esther.

Vamos descubriendo el rollo entre cada uno. Esther acepta el regalo de Lisbeth, pero ignora el de Heidi. Heidi no aprecia la presencia de gente que no es familia, como Lisbeth, o el novio de Sanne, que por cierto está llegando muy tarde. Sanne es la única que se opone abiertamente a la eutanasia, y planea abortar el suicidio de su madre con una llamada a la ambulancia. Dennis es su confidente, pero preferiría ni estar allí y pasársela drogado en otro sitio. Y así.

La película se apoya sobre las interpretaciones de las tres actrices principales, todas agobiadas por el pathos de la muerte: Nørby en el papel de una mujer que quiere y teme el suicidio, Curcic en el papel de una mujer traumada por su propio intento de suicidio, y Steen, que aprueba del suicidio de su madre con sobriedad hasta que descubre información secreta acerca de las motivaciones de ciertos personajes.

Es más o menos a esta altura que la película cobra interés en su desarrollo. Hasta entonces tenemos una situación tensamente sostenida en la que cada personaje reafirma una y otra vez su relación con el resto y con el tema central de “dejarse morir”. Es cuando los personajes hacen un giro abrupto en su posición que el film despega: quizás Heidi no está de acuerdo con la eutanasia, quizás Sanne es capaz de tolerarla, quizás el miedo puede más en Esther. “Tuvimos un día tan lindo, ¿por qué no podemos tener otro más? ¿Por qué hay que terminar de vivir mañana?”.

El libreto de Corazón silencioso– escrito por Christian Torpe – es sentimental y melodramático, efecto que se sostiene perfectamente sin ningún tipo de falsa pretensión gracias a las actuaciones del trío protagónico y un prolijo guión que cierra por todos lados hacia el final, y le da al público exactamente lo que esperaba, de la forma que lo esperaba.

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